
La “filosofía perenne” es un concepto atribuido inicialmente a Leibnitz, más tarde redescubierto por Aldous Huxley, y hace referencia a una visión común en las grandes tradiciones espirituales.
Distintos estudiosos del fenómeno religioso como René Guenon, Fritjof Schuon y Huston Smith, coinciden en que las culturas precientíficas, influidas por las grandes religiones (cristianismo, judaísmo, islamismo, hinduismo y budismo), eran más profundas que la cultura materialista-científica que vivimos en la actualidad.
Una pregunta interesante es: Si estas tradiciones espirituales se presentan como caminos únicos de salvación ¿existirá una visión compartida, una raíz común en las grandes religiones?
Ken Wilber, filósofo norteamericano contemporáneo, intenta responder esa interrogante en base a siete principios básicos:
1. El Espíritu existe
2. El Espíritu se encuentra en el interior
3. La mayoría de nosotros, no entendemos este Espíritu interior, porque estamos sumidos en el mundo del pecado, de la separación y la dualidad, o sea, en un estado caótico o ilusorio
4. Existe una forma de salir de este estado caído de pecado e ilusión: un camino que conduce a la liberación
5. Si seguimos ese camino llegaremos a un renacimiento o iluminación, una experiencia directa del Espíritu interior, una liberación suprema que
6. Pone fin al pecado y al sufrimiento y
7. Moviliza la acción social compasiva y misericordiosa hacia todos los seres sensibles
Si existe esta visión transversal ¿sería ingenuo esperar que los líderes espirituales suscribieran esta raíz común? No sé si será posible, pero no puedo dejar de pensar en todos los muertos y en todo el sufrimiento que se habría ahorrado la humanidad…






Desde España buenos dias Biogrfia Leibniz, Gottfried Wilhelm
Nacido en Leipzig en 1646, hijo de un profesor de universidad, se formó en su localidad natal en Filosofía y en Derecho en Jena y Altdorf, doctorándose a los veinte años. Erudito, sus contribuciones tocan los campos de la historia, las leyes, la lengua, la teología, la física y la filosofía. Al mismo tiempo que Newton descubre el cálculo infinitesimal.
Continuador de la filosofía de Descartes, para quien existían dos clases de sustancias -corporal y espiritual-, para Leibniz sólo existe la segunda, que además será simple, indivisible y actuante, es decir, motor de la acción. Establece que el mundo está compuesto de "mónadas", unidades mínimas cargadas de atributos, con capacidad para percibir y actuar. Cada una de ellas es única y refleja en sí el universo, configurando a su vez un universo en pequeño. Las mónadas no se influyen o interactúan entre sí, sino que actúan de manera independiente y sin comunicación.
Por otro lado, Leibniz postula la teoría de la armonía preestablecida, según la cual Dios es el creador de las cosas que hay en el universo, pero son las cosas las que, dotadas de movimiento, se mueven por sí mismas. Defensor de Dios en su "Teodicea", critica los argumentos de Bayle según los cuales un mundo imperfecto, en el que existe el mal, no puede haber sido realizado por un Dios perfecto y bien supremo. Leibniz argumenta que, si bien el mundo no es absolutamente perfecto, sí es el más perfecto de los posibles, como expresa un famoso personaje del "Cándido" de Voltaire. El "optimismo metafísico leibniziano" se formula también preguntas acerca del origen del mal y de la relación entre predestinación y libre albedrío, concluyendo que Dios permite la existencia del mal, si bien no la quiere, y que el destino y la libertad del individuo funcionan conjuntamente.
En el campo de la matemática, realizó contribuciones a la teoría de los números, al cálculo mecánico, álgebra, etc. Es el iniciador de la lógica matemática y de la topología. Enuncia el principio según el cual la masa por el cuadrado de la velocidad se mantiene constante. Falleció en Hannover el 14 de noviembre de 1716, siendo el primer filósofo alemán de repercusión universal.